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Nuestros superiores generales

LOS SUPERIORES GENERALES DEL INSTITUTO

En 1896, con la celebración del primer Capítulo General, se inició el procedimiento canónico que había de asegurar la supervivencia de la Congregación en el tiempo. El Padre Manyanet, al título de Fundador, añadió en aquella ocasión, contra su voluntad, el de primer Superior General. Hoy suman ya 21 los encuentros fraternos de todos los religiosos en Capítulo General.
 


El Superior General de cada época es el sucesor del Fundador del Instituto y el centro de unidad de toda la Congregación. Su principal preocupación es, en comunión con el Consejo General, promover una constante y renovada fidelidad de todos los religiosos a la vocación y animar para que se realice la misión confiada al Instituto por la Iglesia.

 

Han desempeñado este servicio los religiosos siguientes:

 

En primer lugar, el P. Buenaventura Mullol (1853-1935), que fue el sucesor de San José Manyanet (1902-1909). Llevó a cabo una importante tarea de consolidación del Instituto y recogió las costumbres y prácticas religiosas y espirituales que había implantado el Fundador en un librito que tituló Espíritu de los Hijos de la Sagrada Familia (1908).

Declaró en el proceso de canonización de San José Manyanet:  « Siempre he tenido afecto al Siervo de Dios y jamás he tenido diferencia alguna con él durante los sesenta años que le traté; le tengo devoción y me encomiendo a su intercesión; deseo su beatificación y hago cuánto puedo para extender la fama de su virtud, y además pido al Señor la beatificación del Siervo de Dios, si es su voluntad».

 


El tercer superior general fue el P. Luis Tallada (1867-1932), elegido después de los años de la Restauración de la Orden Teatina (1916-1928; 1932). Llevó el Instituto a Italia, estableciendo la Procura General en Roma, a Estados Unidos y Argentina. Dio gran impulso a la propagación de la devoción a la Sagrada Familia.


Declaró también en el proceso de canonización de San José Manyanet: «Conocí al Siervo de Dios desde fines del año 1883, y desde esta fecha  residí en su compañía la mayor parte de los años de mi vida de religioso hasta su muerte... Profeso al Siervo de Dios todo el afecto que cabe en un hijo para con su Padre Fundador. Me encomiendo todos los días a su intercesión; deseo con toda el alma su beatificación y trabajo para conseguirla, dando a conocer sus virtudes a otras personas».

 


Fue el cuarto superior general el P. Jaime Mir (1885-1932), quien a pesar de no haber podido completar el sexenio (1928-1932). Extendió la acción del Instituto en Argentina e impulsó la publicación de la primera biografía de San José Manyanet en castellano y portugués y el inicio de su proceso de canonización.


Él mismo declaró en este proceso lo siguiente: «Tuve ocasión de ver al Siervo de Dios en dos o tres ocasiones cuando yo tenía de trece a quince años, y él me recibió en la Congregación. Tengo para él el afecto de un hijo que siente un verdadero cariño para con un padre. Me encomiendo a su intercesión. Deseo vehementemente su canonización y trabajo lo que puedo para conseguirla».

 

El P. Antonio Samá (1879-1939) fue el quinto superior general (1933-1939). Le tocó vivir los dramáticos momentos de la Segunda República y de la persecución religiosa en España, y conocer la muerte por odio a la fe de varios religiosos y la destrucción de casi todas las casas de España. Pudo refugiarse en Italia y allí abrió un nuevo seminario.

 


Él empezó a llamar mártires a los religiosos que habían sucumbido víctimas de la persecución: «En España hoy por hoy no hay nada que hacer: todo es ruina; ruina de casas y de personas: los aspirantes, los novicios, los profesos han desaparecido; los veteranos inutilizados por los años y por los achaques y por esta catástrofe y los de media edad dispersos o diezmados. ¿Qué hacer? Tenemos quien ruegue por nosotros en el cielo... Todo un coro de mártires. ¡Benditos sean! No puedo continuar porque las lágrimas me entorpecen la pluma y la emoción me cohíbe».

 

Le sucedió el P. Martín Millet (1898-1964), hijo de Tremp como el fundador. Elegido en 1941 (hasta 1958) llevó a cabo una importante y tenaz obra de reconstrucción material y moral del Instituto, mereciéndole particular atención los centros de formación de España e Italia, en cuyos países abrió nuevos centros de apostolado. En los capítulos generales siguientes (1958 y 1964) fue elegido Subdirector General.


En 1951 celebró con mucho esplendor el 50 aniversario de la muerte de San José Manyanet, dando un importante impulso a la causa de canonización. Y en 1957 celebró el 75 aniversario de la implantación de la Visita Mensual Domiciliaria de la Sagrada Familia.

 

El séptimo superior general fue el P. Magín Morera (1908-1984), resultando elegido en tres ocasiones (1958-1969; 1975-1981). Superados con coraje y fe viva los peligros de la persecución religiosa en España y la Segunda Guerra Mundial en Italia, desarrolló en estos dos países, y después en Brasil, una admirable actividad en la atención pastoral de varias parroquias, proponiendo siempre el  ideal de la Familia de Nazaret.


Fue un verdadero maestro de vida espiritual. Promovió la construcción del templo en honor de la Sagrada Familia en Roma y trabajó incansablemente en favor de las familias y de la juventud. Como postulador de la Causa de canonización de San José Manyanet completó todas las etapas hasta la beatificación, que vio ya desde el cielo. Lleno también él de virtudes y buenas obras, tiene en estudio el proceso de su canonización en Roma.

 

El octavo superior general fue el P. Salvador Massip (1913-2002) elegido en 1969 hasta 1975. Aquellos años del post-concilio no fueron fáciles para el ejercicio del gobierno que debía encauzar y aplicar los aires de renovación de la vida religiosa también en nuestro Instituto. El trabajo capitular realizado había sido amplio y profundo tanto sobre las Constituciones como sobre los aspectos esenciales de nuestro carisma y misión, pero no se tenían a disposición todas las coordenadas que han ido apareciendo posteriormente.


El P. Massip impulsó la renovación conciliar en el ámbito de la vida religiosa y de la organización interna del Instituto aprobada por el Capítulo General, pero tuvo que lamentar defecciones muy sentidas, especialmente de responsables de algunas instituciones y comunidades. Los últimos años de su vida los vivió como hermano mayor en varias comunidades.

 

El P. José M. Blanquet (* Tortosa 1937) fue el noveno superior general (1981-1993).

El P. Josep Roca (* Mura 1938) el décimo (1993-1999).

El P. Luis Picazo (* Barcelona 1946) fue el undécimo superior general (1999-2011).

El P. Jesús Díaz es el duodécimo superior general desde 2011.

 

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